
La flor de hibiscus salvaje (karkadé) es comestible. El envasado manual preserva su calidad degustativa y su forma delicada.
Color y sabor provienen únicamente de las flores, hervidas en tarros sellados con agua mineral y azucar de caña. 100% natural, su gusto recuerda la frambuesa, y su textura carnosa al litchi.
La mejor manera de guardar el sabor original de esta "flor fruta" es conservándola en su propio almibar.
La polivalencia del hibiscus salvaje permite incorporarlo a preparaciones culinarias como postres, rellenos, ensaladas... Rociada con cava, vino espumoso o alguna bebida gaseosa, la flor potencia las burbujas y abre sus pétalos, propiciando la creación de sabrosos y atractivos cócteles.